sábado, 21 de agosto de 2010

¿Quién fué Franz Kafka?


¿Qué es lo que sabemos de Franz Kafka, al margen de algunos fríos datos biográficos? ¿Cómo era, en realidad, la personalidad de quien imaginó la historia de un hombre que, una mañana cualquiera, despertó convertido en un insecto? ¿Qué hay del verdadero Kafka en Gregor Samsa, en Josef K., en Karl, en K.?
La imagen clásica es la un hombre introvertido, concentrado, de aspecto sencillo y alma torturada. Sus escritos nos internan en fantasías agónicas, desencajadas, en las que el insconsciente y el absurdo van de la mano a través de ambientes laberínticos. Hemos creado el adjetivo “kafkiano” para describir situaciones incomprensibles, fuera de toda lógica, pero seguimos sin saber lo que atesoraba la mente de Kafka.
Fue poco lo que publicó en vida y, antes de que se lo llevara la tuberculosis, formuló el deseo de que se destruyeran sus páginas escritas. Max Brod, amigo y albacea, no cumplió esa voluntad. Esa “traición”, tan clara pero tan contradictoria, fue la que nos permitió leer a Kafka. Así conocimos ‘El proceso’, ‘El castillo’, ‘América’, la ‘Carta al padre’. No envidio el papel de Brod. La traición a un amigo terminó siendo un regalo literario inmenso para la humanidad. No puedo olvidar mi lectura de ‘El proceso’, y tampoco sabría elegir entre la traición o el regalo…
Una recopilación de textos diversos que pretenden acercarnos un poco más al enigmático autor checo salió a la venta. Se trata de páginas escritas tanto por quienes lo conocieron en profundidad, como por aquellos que lo trataron superficialmente, como compañeros de escuela o vecinos de edificio.
El editor, Hans-Gerd Koch, señala cómo las descripciones basadas en el trato directo (por leve que éste haya sido) nos presentan un retrato mucho más fiel y rico que los meros datos biográficos. Los recuerdos, el paso del tiempo, el peso del mito creado tras su muerte van armando el puzle de quien pudo ser Franz Kafka.
Contradiciéndose, completándose o corrigiéndose entre sí, todos ellos, sin embargo, pueden en última instancia contribuir a completar un retrato cada vez más cercano a la realidad, de acuerdo con las palabras de Kafka, según las cuales sólo en el coro hay cierta verdad.
La selección ha sido minuciosa y se ha esforzado en seguir un horizonte lo más verídico posible. De ahí que se hayan suprimido aquellos textos en donde la semblanza de Kafka quedaba demasiado diluída entre la información sobre el propio autor, o aquellos otros abiertamente ficticios o de verosimilitud confusa. Salvo por las aportaciones de Gustav Janouch y Max Brod, vitales al hablar de Kafka, se han dejado de lado los relatos biográficos ya recogidos en otros libros.
El volumen se abre con la necrológica escrita por Felix Weltsch, amigo íntimo del escritor que, en sus palabras, “sólo se alcanzará a conocer en la posteridad”:
En sus obras, Kafka creó una nueva realidad, una atmósfera nueva, propia, más pura, más fría, más austera que la nuestra, que sin embargo no era más que reflejo y expresión de nuestra realidad, sólo que concebida de una manera original, sin precedentes, por un genio de la “contemplación”.
Emil Utitz fue compañero de Kafka en el Instituto Altstädterde de Praga, desde el primer curso hasta el examen final de bachillerato. Utitz lo describe como “el ser humano más tranquilo, silencioso y moderado que he conocido [...], exteriormente no había en él nada llamativo”. No era orgulloso ni arrogante, todos lo respetaban pero nadie llegaba a intimar con él.
Una delgada pared de cristal le rodeaba. Con su sonrisa tranquila, bondadosa, llena de interés, él mismo se abría y a la vez se cerraba al mundo. [...] Lo que quedó en mi recuerdo no son manifestaciones ni sucesos concretos, sino una imagen conmovedora de un ser humano delgado, alto, con aspecto de muchacho, que parecía tan silencioso, fino y casi santo, que era bueno y que reía un poco confuso, que se mostraba dispuesto a reconocer de inmediato los méritos de cualquiera y que, sin embargo, siempre se mantuvo un poco a distancia y extraño.
Probablemente nunca descifremos su compleja personalidad, por numerosos que sean los análisis que se han hecho de su obra, desde el existencialismo al anarquismo. Nos queda el Kafka, el K., de sus obras, aunque leídas muy a su pesar…, y la sospecha escrita por Weltsch:
Exteriormente, Franz Kafka llevó una vida ordenada y segura. Pero interiormente estaba llena de obstáculos y dificultades. No pudo arreglárselas con la vida.
Disputa por su Archivo Secreto
84 años después de la muerte del escritor, Israel y Alemania protagonizan una disputa kafkiana por los archivos inéditos de Max Brod, en poder de las hijas de su secretaria dispuestas a venderlo todo
La Biblioteca Nacional de Israel solicitó esta semana a la Corte para Asuntos de Familia de Tel Aviv que ordenase a Eva Hoffe la entrega de un archivo que contiene manuscritos, cartas y dibujos desconocidos de Franz Kafka para catalogarlos y ponerlos a disposición de los estudiosos y del público.
Eva y su hermana Ruthi, lo heredaron de su madre Esther Hoffe, la ayudante de Max Brod (el amigo íntimo de Kafka) hace dos años. Lo tienen bajo llave en cajas fuertes y en un mísero apartamento de Tel Aviv.
La Biblioteca también anunció el pasado jueves que demandará al Museo Alemán de Literatura Moderna donde se encuentra la mayoría de los manuscritos conocidos del escritor cedidos por Max Brod y le ha exigido la devolución del manuscrito de El proceso, vendido por dos millones de dólares al museo por la heredera de Brod.
Los documentos revelan detalles de la vida íntima del escritor checo
El destino de este ignoto tesoro literario se ventila desde hace más de un año en los juzgados. Al parecer, podría tratarse de un archivo con miles de documentos que revelan detalles de la vida íntima de Kafka, y que escondió durante 40 años Esther Hoffe, quien en 1968 lo recibió como legado de Brod, el escritor que reveló al mundo la obra Kafka.
Entre los documentos del archivo habría 70 cartas intercambiadas por Kafka con su amante, Dora Diamant, durante un período de 20 años, la mujer con la que no pudo casarse, según escribió su hermana, Kathi Diamant, en el libro El último amor de Kafka.
La Biblioteca israelí sostiene que es ella la heredera legal de ese patrimonio y formulará la demanda esta próxima semana en una corte de Alemania con el argumento de que la adquisición del manuscrito por parte del Museo de Marbach es “ilegal”.
La Biblioteca israelí demandará al Museo Alemán de Literatura Moderna
Memoria a salvo
Max Brod salvó esas obras desconocidas y demás documentos de Kafka, además de las suyas, cuando huyó junto con su mujer de Checoslovaquia tras la invasión de la Alemania nazi, y los llevó a Palestina, entonces bajo mandato británico, en 1939, nueve años antes de la fundación del Estado hebreo.
Brod murió en 1946 en Tel Aviv sin conocer la totalidad de su preciado archivo, ya que quien se quedó con él fue Esther Hoffe, su secretaria y asistente.
La institución exige la devolución del manuscrito de El proceso
Al abrirse esta semana las puertas del tribunal donde la Biblioteca Nacional gestiona la devolución del archivo de Max Brod, a fin de recuperarlo para el patrimonio público, trascendió que quien compró el manuscrito de El proceso fue el museo alemán.
El juicio para rescatar los papeles de Kafka, entre ellos decenas de cartas de amor intercambiadas con la mujer que lo ayudó a morir en 1924, se sujeta, aunque parezca difícil creerlo, en pleitos por divorcios, tenencia de hijos y demás.
Los documentos secretos de Kafka se hallan en el mayor de los misterios y nadie ha conseguido quitarles todavía las llaves a las dos hijas de Esther, de las que se piensa ya han vendido parte del contenido.
Desde el punto de vista jurídico, la dificultad radica en la interpretación del legado de Max Brod. Según el diario Haaretz de Tel Aviv, Brod le encomendó a su secretaria entregar el archivo a las instituciones públicas pero las hermanas Hoffe sostienen que ese tesoro público es un bien de familia.
Kafka es de Israel
El Archivo Nacional de Israel podría apelar ante la Corte Suprema de Justicia para obtener el archivo si los abogados de las Hoffe consiguieran un fallo contrario de la corte de Tel Aviv. Los representantes del Archivo exigen, simplemente, impedir que esos preciosos documentos salgan del país.
El editor alemán Klaus Wagenbach, amigo cercano de Brod, es una de las pocas personas que han visto el archivo. Según su testimonio, contiene ilustraciones de Kafka.

Wagenbach percibió entonces el celo con que Esther Hoffe lo guardaba.
“Brod me dejó verlo pero en secreto, temeroso de que nos viese Esther. Ella no le permitía exhibir los materiales”, comentó Wagenbach. “Era una mujer imposible por no decir más”, según Rafi Witter, de la Biblioteca Nacional en Jerusalén. No sólo imposible, también “invisible”: nunca la entrevistó nadie y murió a los 102 años.
Entre lo que retienen las hermanas Hoffe, se cree, están los diarios del propio Brod, en los que hablaría de Kafka y de su último amor con una mujer judía que lo cuidó cuando estaba enfermo en la última etapa de su vida.
Ulrich von Bilov, director de los archivos alemanes, presume que entre los papeles en poder de las Hoffe, estaría el manuscrito de Hochzeitsvorbereitnung auf dem Lande [Preparativos para la boda en el campo], que Kafka escribió en 1907.
La editorial y empresa del diario independiente Haaretz también es una de los demandantes y el único medio de la prensa local que informa sobre las alternativas del juicio acerca de lo que muchos consideran un delito cultural. La secretaria de Brod, según el periódico, violó un contrato con una gran editorial alemana interesada en publicar una de las obras ocultas.
La Ley de Archivos de Israel, declara su director, Josué Freundlich, prohíbe la salida del país de “documentos importantes para la historia y la cultura del pueblo judío”, sin mediar antes una inspección. Hoffe habría vendido fuera las piezas que vendió de Kafka.
Según el investigador Mark Gelber, profesor del Departamento de Estudios Alemanes de la Universidad Ben Gurión de Beersheba, “la íntima conexión de Kafka con el sionismo y con los judíos” es una de las primeras razones por la cuales se debería prohibir a las hermanas Hoffe sacar esos documentos del país. En cuanto a Brod, “se afilió al sionismo antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), vivió y trabajó aquí. Y aquí, en Israel, está enterrado”, agregó Gelber.
El biógrafo Louis Begley, autor de El tremendo mundo que llevo dentro de mí: Franz Kafka, un ensayo biográfico postula, en cambio, que Kafka no fue sionista ni miembro de su colectividad.
Hoffe fue arrestada en 1974, en el aeropuerto internacional de Ben Gurión de Tel Aviv, cuando se disponía a abordar un avión con destino a Suiza para vender documentos del archivo de Brod. La historia del archivo Brod es digna de un relato de Kafka.
Eva Hoffe declaró en 1993 al semanario alemán Der Spiegel que si se llegase a difundir los diarios de Max Brod, también dentro de su archivo, “revelarán algo terrible”. Las incógnitas y enigmas a los 84 años de la muerte de Franz Kafka siguen en pie, y en las redes de la justicia, como tantos de sus célebres y atribulados personajes. El proceso todavía no ha acabado.

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